¿Adivináis quién es la niña que teje, a la izquierda de la foto?

¡Pues efectivamente, soy yo! Y a juzgar por mi cara de concentración casi se podría decir que algo dentro de mí ya comenzaba a decirme que las lanas, el punto y el ganchillo serían mi destino, y que yo me convertiría en la chica de las lanas…

Fue mi abuela quien me enseñó con 8 años a hacer punto y ganchillo, y fue mi madre quien hace unos días me mandó esta foto que veis, y junto a ella vinieron un montón de recuerdos. El recuerdo de cómo tejer pasó, casi sin darme cuenta, de ser una actividad amena a ser algo más… Porque seguir los pasos de mis abuelas, ver mejorar mis trabajos de lana poco a poco, sentir como se transmitían sus enseñanzas y mantener viva la tradición hicieron del punto y el ganchillo algo mágico para mí.

Sin duda, siempre resulta un placer echar la vista atrás al momento en que todo empezó… ¿Cuándo aprendí a hacer punto?  ¿Quién me enseñó a hacer ganchillo? ¿Cuál fue la primera prenda que (con paciencia y perseverancia a raudales) logré terminar? Porque si hay algo aún más inmortal que esos jerséis que logramos tejer con la práctica, son las historias y las tradiciones que nos acompañan en este mundo de las lanas, que se transmiten de generación en generación, aportando cada uno nuestro eslabón a la cadena.

¡Así que os animo a que nos contéis vuestras propias historias y compartáis vuestros mejores recuerdos de esta fantástica pasión que nos une!